Durante su estadía como prisionero en la fortaleza de Landsberg, organizó sus ideas y las plasmó en su obra "Mein Kampf" ("Mi lucha"), una especie de autobiografía en la que expuso la ideología nacionalsocialista.
Hitler detalló allí los pasos que un futuro Estado alemán nacionalsocialista debía seguir para eventualmente convertirse en el "amo del mundo".
A continuación repasamos algunos de los puntos más trascendentes de esa obra en la que quedó establecido "el modelo del terror" que marcaría trágicamente la historia de la humanidad.
“El nuevo movimiento es antiparlamentario por su carácter y por la índole de su organización; es decir que en general, así como dentro de su propia estructura, rechaza el principio de decisión por mayoría, principio que degrada al Führer a la condición de simple ejecutor de la voluntad y de la opinión de los demás”.
“El futuro de un movimiento depende del fanatismo, si se quiere, de la intolerancia con que sus adeptos sostengan su causa como la única justa y la impongan frente a otros movimientos de índole semejante”.
“La cultura humana y la civilización están inseparablemente ligadas a la idea de la existencia del hombre ario. Su desaparición o decadencia sumiría de nuevo al globo terráqueo en las tinieblas de una época de barbarie”.
“Es un error casi inconcebible creer que, por ejemplo, un negro o un chino se convierten en germanos porque aprendan el idioma alemán y estén dispuestos en lo futuro a hablar la nueva lengua o dar su voto por un partido político alemán”.
“El Estado nacionalsocialista clasifica a sus habitantes en tres grupos: Los ciudadanos, los súbditos y los extranjeros”.
“El éxito decisivo de una revolución ideológica ha de lograrse siempre que la nueva ideología sea inculcada a todos e impuesta después por la fuerza, si es necesario”.


